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Elecciones regionales y municipales: el triste nivel del marketing político que exhiben los candidatos de Barranca

Los eslóganes no solo venden una candidatura; también revelan el nivel de planificación que existe detrás de ella. Cuando el ciudadano tiene que adivinar qué quiso decir el candidato, el problema no es el elector: es la campaña.

|ETC.PE|: No deja de sorprender el bajísimo nivel del marketing político que estamos viendo en esta campaña. Y no hablamos de dinero. Hablamos de ideas.

Hay candidatos que gastan miles de soles en gigantografías, polos, mandiles, chalecos, caravanas y publicidad, pero son incapaces de construir un mensaje que realmente conecte con el ciudadano.

Sus eslóganes parecen escritos en cinco minutos.

«Barranca merece más». ¿Más qué?. «Juntos lo vamos a lograr». ¿Lograr qué?. «Somos el cambio». ¿Cambio de qué?

Lo peor es que muchos candidatos ni siquiera parecen entender qué función cumple un eslogan. Un eslogan no es una frase bonita para colocar debajo de una foto; es el resumen de una propuesta, de una visión y de una identidad política.

Cuando un candidato dice «Juntos lo vamos a lograr», la pregunta es inevitable: ¿lograr qué? ¿Y juntos quiénes?

¿Está invitando a toda la población a participar? ¿A los militantes? ¿A su equipo? El mensaje queda tan abierto que cada persona termina interpretándolo de una manera distinta.

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Y hay otra lectura. Si alguien pide constantemente que «juntos» se logrará el objetivo, ¿dónde queda el liderazgo? Quien postula para gobernar debería transmitir dirección, capacidad de decisión y un plan claro. El ciudadano espera saber qué hará el candidato, no completar las frases que este dejó inconclusas.

Hoy cualquiera abre una inteligencia artificial y en diez segundos obtiene veinte eslóganes distintos. Lo difícil no es generar una frase; lo difícil es convertir esa frase en una identidad política.

Y ahí es donde muchas campañas hacen agua. No existe una estrategia. No existe un concepto. No existe una marca política. Solo palabras recicladas que podrían servir para cualquier candidato, cualquier partido y cualquier elección.

Cambio. Futuro. Desarrollo. Juntos. Esperanza.

Las mismas palabras de siempre.

Lo preocupante es que una campaña suele reflejar el nivel de organización de un equipo. Si ni siquiera logran comunicar con claridad quiénes son, qué representan y qué proponen, resulta inevitable preguntarse cuánto trabajo estratégico existe realmente detrás de esa candidatura.

El marketing político no gana una elección por sí solo. Pero sí demuestra el nivel de preparación de un candidato.

Y viendo algunas campañas, la sensación es que varios empezaron imprimiendo los afiches… sin haber construido antes la idea.

Barranca ya tiene un antecedente que demuestra por qué un eslogan no puede vivir solo de una buena frase. «Barranca Bonita» fue una marca que buscó proyectar una ciudad más limpia, ordenada y atractiva. Sin embargo, con el paso del tiempo, muchos ciudadanos comenzaron a utilizar esa misma frase con ironía al considerar que la realidad no coincidía con la promesa. Esa es la mayor lección del marketing político: un eslogan no se evalúa el día que se lanza, sino cuando la gestión termina. Si los resultados no acompañan el mensaje, el propio ciudadano termina resignificando la campaña.

El ranking de los eslóganes más flojos de la campaña

1. «El cambio»

¿Cambio de qué?

¿De autoridades? ¿De gestión? ¿De prioridades? ¿De seguridad? ¿De obras? ¿De estatus?

Si el candidato no explica qué cambiará, «cambio» deja de ser una propuesta y se convierte en una palabra vacía.


2. «Juntos lo vamos a lograr»

¿Lograr qué?

Un buen eslogan no puede obligar al elector a completar la idea. El mensaje debe ser claro desde el primer segundo.


3. «Barranca merece más»

¿Más qué?

¿Más obras? ¿Más empleo? ¿Más seguridad? ¿Más limpieza? ¿Más oportunidades?

Una promesa sin contenido genera más dudas que expectativas.


4. «Vamos por el cambio»

¿Y el plan dónde está?

Ir por el cambio suena bien. Lo importante es explicar cuál es el cambio, cómo se logrará y en cuánto tiempo.


5. «Somos el cambio»

¿Qué los hace diferentes?

Cuando todos los candidatos aseguran ser «el cambio», la palabra deja de diferenciar a cualquiera. Se convierte en una etiqueta sin valor.


6. «Rumbo al desarrollo»

¿Qué rumbo?

¿Con qué proyectos? ¿Con qué presupuesto? ¿Cómo se financiarán? ¿Cuáles serán las prioridades? ¿rumbo al fracaso?

El desarrollo no se decreta con una frase.

Reflexión final

Las campañas políticas no deberían competir por quién imprime la gigantografía más grande o quién coloca más banderolas en las calles.

Deberían competir por quién comunica mejor sus ideas. Porque un buen eslogan no solo debe sonar bonito; debe responder una pregunta, transmitir una propuesta y quedarse en la memoria del elector.

Hoy, lamentablemente, muchas campañas parecen haber confundido el marketing político con llenar espacios en blanco con palabras bonitas.

Y eso explica por qué tantos candidatos terminan pareciéndose entre sí. Al final, el problema no es que los eslóganes sean malos. El problema es que, en muchos casos, reflejan exactamente el nivel de planificación de la campaña que representan. Una campaña improvisada puede imprimir miles de afiches; lo que difícilmente podrá imprimir es confianza.

En política, un eslogan puede ayudar a ganar una elección. Pero también puede convertirse en el recuerdo más incómodo de una gestión. Barranca ya lo vivió con «Barranca Bonita». La pregunta es si los candidatos aprendieron esa lección o volverán a repetir la misma historia con nuevas frases y las mismas promesas.

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