
|ETC.PE|: La sesión del Consejo Regional de Lima realizada este 17 de septiembre de 2026 vuelve a poner en discusión la modalidad de trabajo de este órgano. De los 13 consejeros regionales, solo 4 estuvieron presentes físicamente en la sesión.
Y aquí aparece una pregunta que merece una respuesta clara: ¿qué sentido tiene mantener sesiones virtuales como una práctica habitual en un órgano cuya función exige debate, fiscalización y representación política?
Con la virtualidad, un consejero puede participar desde cualquier lugar y, mientras cumpla formalmente con la conexión y asistencia, no necesariamente enfrenta el mismo nivel de exigencia y exposición pública que tendría estando sentado en la sala del Consejo.
Incluso surge otra interrogante: si la asistencia virtual permite cumplir formalmente con la sesión y percibir la dieta correspondiente, ¿qué incentivo existe para que los consejeros prioricen la presencia física?
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Una sesión de Consejo Regional no debería ser una suma de pantallas donde cada uno participa desde un lugar diferente. Debe existir debate, intercambio de posiciones, fiscalización y responsabilidad frente a la ciudadanía.
Y si además algunos consejeros mantienen sus cámaras apagadas durante parte de la sesión, el ciudadano que observa la reunión difícilmente puede saber si su representante está siguiendo activamente el debate.
La virtualidad puede ser una herramienta excepcional ante una situación justificada. Lo que no debería convertirse es en la forma habitual de hacer política y fiscalización regional.
El próximo Consejo Regional debería recuperar la presencialidad, el debate y la participación activa. Los ciudadanos tienen derecho a conocer no solamente quién cobra una dieta o marca una asistencia, sino quién realmente trabaja, fiscaliza, debate y defiende los intereses de su provincia.
En estas elecciones regionales, más que rostros conocidos, necesitamos consejeros comprometidos, trabajadores y con verdadera capacidad fiscalizadora.


