|ETC.PE|: A poco tiempo de que se intensifique la carrera rumbo a las elecciones municipales y regionales, ya comienzan a aparecer los primeros mensajes de campaña. Sin embargo, lejos de presentar ideas novedosas o propuestas concretas, muchos aspirantes parecen haber desempolvado el mismo libreto de siempre.
Frases como “llegó el cambio”, “soy una persona honesta y sencilla”, “tengo experiencia en gestión pública”, “soy joven y preparado”, “soy ingeniero” o “soy abogado”, así como la promesa de que “en mi gobierno no habrá corrupción”, vuelven a inundar las redes sociales y los espacios públicos. Son expresiones que los ciudadanos han escuchado tantas veces que han perdido gran parte de su impacto.
Basta revisar las páginas de muchos precandidatos para encontrar fotografías cuidadosamente elaboradas, mensajes sobre valores personales y discursos que resaltan sus virtudes. Sin embargo, pocas veces se encuentran propuestas concretas o una visión clara de lo que pretenden hacer por su distrito, provincia o región.
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Frente a este escenario, vale preguntarse si los viejos discursos siguen teniendo el mismo efecto de antes.
Ser honesto debería ser una obligación para cualquier autoridad, no una propuesta de campaña. Tener experiencia en gestión pública tampoco garantiza buenos resultados; la historia reciente está llena de funcionarios con amplios currículums que dejaron más problemas que soluciones. Del mismo modo, ser joven o ser mayor, ingeniero o abogado, no convierte automáticamente a una persona en un buen gobernante.
Mención aparte merece la promesa de la “modernización”. ¿Qué significa realmente modernizar una ciudad? ¿Cómo se construye una ciudad más atractiva, ordenada y competitiva? Prácticamente todos los candidatos afirman que modernizarán sus distritos o provincias, pero pocas veces explican cómo lo harán, cuáles serán sus prioridades o qué proyectos ejecutarán para alcanzar ese objetivo.
Los electores ya conocen ese libreto. Lo han escuchado una, dos, diez y hasta cien veces. Por eso, un candidato que basa su campaña únicamente en promesas genéricas de cambio corre el riesgo de convertirse en uno más del montón, en otra figura política que repite frases vacías sin ofrecer una visión real de futuro.
La ciudadanía merece algo mejor. Merece escuchar propuestas específicas, metas medibles y soluciones concretas para problemas como la inseguridad ciudadana, el transporte, el desarrollo económico, la limpieza pública, el acceso al agua, la salud y la educación. Merece conocer proyectos para cerrar brechas mediante el asfaltado de calles, la construcción y modernización de hospitales, la mejora de mercados, estadios, sistemas de tratamiento de aguas residuales e infraestructura pública de calidad.
También merece saber cuánto costarán esas obras, de dónde saldrán los recursos y en qué plazos se ejecutarán. Esa es la información que permite evaluar la capacidad de un candidato y diferenciar una propuesta seria de una simple promesa electoral.
Si los aspirantes quieren llamar la atención de un electorado cada vez más desconfiado, deberán esforzarse más que con los viejos eslóganes de siempre. El discurso del “cambio”, de la “honestidad” y de la “modernización” sin contenido ya no sorprende ni emociona. Es una historia demasiado conocida.
Y si van a prometer, al menos que presenten algo diferente. Porque las mismas promesas recicladas de cada elección ya no generan esperanza; generan cansancio.




