|ETC.PE|: ¿En qué momento empezamos a considerar que cualquier actividad realizada en una calle es un problema para la ciudad? En los últimos días, algunas actividades públicas, como procesiones religiosas y pasacalles escolares, han generado comentarios sobre las molestias que ocasionan al tránsito peatonal y vehicular. Es válido que existan opiniones y observaciones, pero también es necesario mirar el otro lado de la moneda.
Una ciudad no está hecha únicamente para circular de un punto a otro. Sus calles también son espacios de encuentro, expresión cultural, celebración, tradición y participación ciudadana.
Un pasacalle, por ejemplo, no solamente reúne a estudiantes o instituciones. También genera movimiento económico: hay trabajo para quienes realizan perifoneo, artistas culturales, batucadas, músicos, alquiler de vestimentas, movilidad, comerciantes y pequeños negocios que encuentran en estas actividades una oportunidad de generar ingresos.
TE PUEDE INTERESAR: Estudiante de la UNAB gana Concurso Nacional de Oratoria y lleva a Barranca al primer lugar
Es decir, mientras algunos pueden experimentar una demora de unos minutos, otras personas encuentran una oportunidad de trabajo y sustento económico.
¿Significa eso que no deben existir reglas? Por supuesto que no. Toda actividad debe procurar una adecuada organización, controlar el volumen de los equipos de sonido, mantener limpias las calles y adoptar medidas para reducir las molestias al tránsito.
Pero tampoco podemos pretender que nuestras calles permanezcan siempre despejadas, silenciosas y sin actividades. Una ciudad sin celebraciones, sin expresiones culturales y sin movimiento ciudadano terminaría perdiendo parte de su identidad.
La calle es de todos: de quienes transitan, de quienes trabajan y también de quienes quieren expresar su cultura, su fe y sus tradiciones.
Quizás necesitamos aprender a convivir más y a molestarnos menos.
Y hay otra pregunta que vale la pena hacerse: ¿somos igual de críticos con todas las actividades que ocupan las calles?
Hace poco hemos visto mítines políticos multitudinarios, caravanas y pasacalles electorales que también generan desvíos, ruido y movimiento en las vías. Sin embargo, muchas veces la crítica aparece recién cuando la actividad no coincide con nuestros intereses o simplemente nos toca esperar.
Quizás el problema no sea que una calle se utilice durante un par de horas, sino que a veces medimos las actividades con una vara diferente según quién las organiza o qué nos generan personalmente.
Si queremos hablar de convivencia, entonces hablemos de todas las actividades por igual: procesiones, pasacalles escolares, manifestaciones, mítines políticos, actividades culturales y celebraciones. La calle es de todos.




